Si, vosotros, ¡infieles! enterrásteis a San Ganchao, lo disteis por muerto, por acabado y por inexistente.
Pero tal y como estaba escrito, al tercer GP San Ganchao resucitó y le dió a Alonso un segundo puesto milagroso en la clasificación.
¡San Gancha! ¡perdónales!, no saben lo que hacen.
Y San Ganchao respondió -si vuestra fe fuera del tamaño de la grava del GP de China la montaña ya habría cubierto a Hamilton.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario